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1/12/09

Sucedáneos 3

A veces los temas persiguen a uno, y los ve por todas partes. Durante la gripe mortifera que acabo de pasar comencé a leer la novela (novelas) de Paul Auster, The New York trilogy, y justo al principio, cuando el autor describe la actividad de uno de sus personajes, me encuentro con este parrafo. Os lo pongo tal cual:

“New York was an inexhaustible space, a labyrinth of endless steps, and no matter how far he walked, no matter how well he came to know its neighborhoods and streets, it always left him with the feeling of being lost. Lost, not only in the city, but within himself as well. Each time he took a walk, he felt as though he were leaving himself behind, and by giving himself up to the movement of the streets, by reducing himself to a seeing eye, he was able to escape the obligation to think, and this, more than anything else, brought him a measure of peace, a salutary emptiness within. The world was outside of him, around him, before him, and the speed with which it kept changing made it impossible for him to dwell on any one thing for very long. Motion was of the essence, the act of putting one foot in front of the other and allowing himself to follow the drift of his own body. By wandering aimlessly, all places became equal, and it no longer mattered where he was. On his best walks, he was able to feel that he was nowhere. And this, finally, was all he ever asked of things: to be nowhere. New York was the nowhere he had built around himself, and he realized that he had no intention of ever leaving it again.”

Sin duda otra visión, diferente a la de Colomina, otro proceso pero con el mismo resultado,
curioso ¿no?

29/11/09

SUCEDÁNEOS 2

“Esto se parece a un tomate más que cualquier otra cosa… pero no hay duda de que esto no es un tomate”. Pues eso, sucedáneos.

O como Robert Smithson escribe en “Un recorrido por los monumentos de Passaic, Nueva Jersey”: “En realidad, el centro de Passaic no era un centro, sino un abismo típico o un vacío ordinario (…) que yo sepa, ese suburbio sin imaginación podría haber sido una eternidad burda, una copia barata de la Ciudad de los Inmortales. (…) Todo lo que había en el lugar quedaba envuelto en insipidez y repleto de coches brillantes esparcidos (…) En cualquier momento, mis pies tenderían a no concretar el terreno de cartón.”

R.Smithson se viste de turista con cámara de fotos y se compra un billete de autobús para recorrer las 10 millas (unos 16 km) que separan Nueva York de Passaic. En la contraportada del libro se lee: “El viaje de Smithson interpreta las instalaciones industriales devastadas en términos estéticos, como ruinas capaces de alcanzar la inmortalidad del monumento, como memoria de un paisaje industrial agotado y antrópico. Con este texto se inaugura una nueva manera de entender lo pintoresco, apuntando a un cambio sustancial en la sensibilidad de la tradición paisajística norteamericana”

Podría parecer que R. Smithson está buscando un sucedáneo de las ciudades eternas en un suburbio de Nueva Jersey o, volviendo al texto de Félix de Azúa: “Algunos autores, casi todos norteamericanos, consideran que el siglo XX ha continuado creando habitabilidad y que ésta no es una mera excrecencia funcional y económica, crecida fatalmente y sin intervención de la libertad y de la creatividad, sino que posee la misma dignidad y fortaleza simbólica que la arquitectura de antaño.”

Pero la operación que realiza Smithson es más compleja: “El autobús pasó por encima del primer monumento. Tiré del cordón de aviso y me apeé en la esquina de Union Avenue con River Drive. El monumento era un puente sobre el río Passaic, el cual conectaba el condado de Bergen con el de Passaic. El sol del mediodía daba carácter cinematográfico al lugar, convirtiendo el puente y el río en una imagen sobreexpuesta. Fotografiarlo con mi Instamatic 400 fue como fotografiar una fotografía. El sol se convirtió en una monstruosa bombilla que proyectaba una serie separada de “fotogramas” hacia mis ojos a través de mi Instamatic. Cuando atravesé el puente, era como si caminara sobre una fotografía enorme hecha de madera y acero y, debajo, el río existía como una película enorme que no mostraba más que una imagen continua en blanco.”

En realidad R. Smithson escenifica a la perfección la reflexión de B. Colomina: “Does the photographic transformation of architecture do no more than present it in a new vision, o is there a deeper transformation, a sort of conceptual agreement between the space this architecture comprehends and the one implicit in photography? (…) Photography shares with the railway an “ignorance” of place, and this has on the objects shot by the camera an effect similar to that of the railway on the points it reaches: it deprives them of their quality as things.”

Aunque al final de su texto va más allá…: “Me gustaría demostrar ahora la irreversibilidad de la eternidad usando un experimento vacuo para la verificación de la entropía. Imaginemos el cajón de arena divido por la mitad, con arena negra en un lado y blanca en el otro. Cogemos un niño y hacemos que corra cientos de veces en el sentido de las agujas del reloj por el cajón, hasta que la arena se mezcle y comience a ponerse gris; después hacemos que corra en el sentido contrario al de las agujas del reloj, pero el resultado no será la restauración de la división original, sino un mayor grado de grisura y un aumento de la entropía. Si filmáramos tal experimento, podríamos probar la reversibilidad de la eternidad mostrando la película al revés, pero entonces, tarde o temprano, la misma película se desmoronaría o se perdería y entraría en un estado de irreversibilidad. (…)”


16/11/09

Sucedáneos

Sucedáneo: (Del lat. succedanĕus, sucesor, sustituto). adj. Dicho de una sustancia: Que, por tener propiedades parecidas a las de otra, puede reemplazarla. (Diccionario R.A.E.)



Gracias David por tu aportación y por compartir con nosotros tu lectura. (Esto iba a ser un comentario a tu post, pero al final me he extendido un poco asi que lo posteo también)


En cuanto al comentario que haces sobre Félix de Azúa y su carga contra las escuelas de arquitectura, tengo que decirte que estoy totalmente de acuerdo contigo. Imagino que verá bajo las aberraciones sociales y urbanísticas que denuncia, la firma de arquitectos formados en nuestras escuelas, pero supongo que eso es otorgar una responsabilidad a las escuelas que no les corresponde y un poder que sin duda no tienen. La escuela nos enseña a pensar la arquitectura, nos forma, pero me temo que fuera de ella eso de pensar esta poco valorado, excepto si produce beneficios dinerarios, claro.

De los pasajes de Colomina (muy interesantes, por cierto) me quedo con una frase:

“In such a placeless world, even talking about travel had ceased to make sense, since despite the frenetic movement it was as if one did not move”

Terrible sensación, eso de moverse para (no) ir a ningún sitio. Bien es cierto que si los lugares han perdido su identidad y se han convertido en no-lugares, y, en palabras de Colomina, “las cosas, como nosotros mismos, fueron perdiendo sus cualidades con una facilidad pasmosa” ; entonces, sin cualidades, sin atributos, ya no podemos saber qué son las cosas, ¡ah!, pero si sabemos qué no son, no son ellas mismas, son sucedáneos.

En el segundo fragmento dice:

“The railway transforms the world into a commodity. It makes places into objects of consumption and, in doing so, deprives them of their quality as places.(...). Photography does for architecture what the railway did for cities, transforming it into merchandise and conveying it through the magazines for it to be consumed by the masses. This adds a new context to the production of architecture, to which corresponds an independent cycle of usage, one superimposed upon that of the built space.”

Y concluye: “Photography shares with the railway an "ignorance" of place, and this has on the objects shot by the camera an effect similar to that of the railway on the points it reaches: it deprives them of their quality as things."


En un mundo donde el ferrocarril ya no echa humo, y la fotografía ya no huele a cuarto oscuro, es cierto que la imagen, hace tiempo ya, que convirtió a la arquitectura en algo distinto, en un producto de consumo inmediato, y puede que en su capacidad de re-producción esté su exito. Es algo parecido a lo que pasó con la música a partir de la invención del fonógrafo y todos sabemos lo que ha venido después.

A todo esto hay que sumarle el gran catalizador de este proceso que está siendo Internet (el libro de Colomina es de 1994), definiendo nuevos limites a los impuestos por la máquina (el ferrocarril, la fotografía, el fonógrafo...), y con un poder transformador que, de momento, solo intuimos.

Concluyendo, si el ferrocarril privó a los lugares de sus cualidades convirtiendolos necesariamente en no-lugares, entonces ¿podemos decir que la fotografía y la fonografía convirtieron a la arquitectura y a la música en no-arquitectura y no-música?.

Yo no sabría que contestar, sinceramente.

Recuerdo una anecdota con mi abuelo hace ya años. Abrió un tomate como solía hacer a media mañana, sobre una de las mitades esparció una pizca de sal y se lo llevó a la boca, la otra mitad me la dio a mi y muy seriamente me dijo: “ Esto se parece a un tomate más que cualquier otra cosa... pero no hay duda de que esto no es un tomate”. Pues eso, sucedáneos.


Nota 1: Aprovecho para animar a la gente a que siga participando en el blog, yo ahora voy a prepararme una no-ensalada de aspecto inmejorable y sabor inexistente.

Nota 2: Completo el texto de David con unos textos de Walter Benjamin referenciados por Colomina.

14/11/09

Arquitectura según Colomina

Hola! os pongo algunos fragmentos de un libro que estoy leyendo, intentando contribuir al debate abierto con el texto de Félix de Azúa que puso Javier hace unos días. Lo siento por que no he sido capaz de encontrar una traducción al español y eso que el libro lo escribe Beatriz Colomina (Privacy and publicity: modern architecture as mass media. MIT Press, 1994) y yo no me atrevo a hacer una buena traducción, así que os lo transcribo tal cual está, en inglés.


Lo que quiero con estos fragmentos es contribuir a que reflexionemos más ampliamente sobre las causas que han cambiado la manera de producir, entender y pensar la arquitectura. En el texto de Félix de Azúa se alude brevemente a una de ellas mediante una cita:
“Estoy persuadido de que buena parte del paisaje americano actual ya no puede enjuiciarse como una composición de espacios individuales bien definidos, sino como zonas influidas y controladas por las calles, carreteras y autopistas: arterias que controlan, nutren y dominan su propio paisaje, al que en todo momento podemos acceder. Lo cual quiere decir, si no me equivoco, que ya no es la arquitectura la que provee los símbolos relevantes. La arquitectura (…) ya no es, en nuestros nuevos paisajes, la encargada de sacralizar lo simbólico y lo permanente, lo sagrado y lo colectivo de nuestra identidad (…) La carretera genera su propio modelo de movimiento y permanencia, y actúa sin haber aún producido su particular modelo de belleza para el paisaje, o su significación del espacio.”
Este pasaje de John Brinckerhoff Jackson lo recoge Félix de Azúa como testimonio de la incapacidad de la arquitectura como constructora de nuevos espacios habitables acomodados a las nuevas circunstancias (para concluir diciendo que la incapacidad es realmente de los arquitectos y que es mayormente debida a cómo se enseña arquitectura actualmente).


Lo que Colomina plantea en su libro son algunas herramientas para tratar de comprender más profundamente algunas causas que han cambiado las condiciones en las que se produce actualmente la arquitectura:

City I (Pág.21-22)

"The excessive weight attached to the question of where one is, goes back to nomadic tribes, when people had to be observant about feeding-grounds.

Robert Musil, The Man without Qualities.

Things, like ourselves, were losing their qualities with astonishing ease. Vienna, for instance, might well have been a city, but this alone did not make it a place. One cannot say that the condition was intolerable, only that the epoch of closed questions, of fixed places, of the objects in themselves had ended, and the period of relationships had begun. (...)" It was not important where one was; ever since the railway conveyed us impassively through the "emporium of the world", place as such no longer permitted any differentiation. Just as in department stores, where things are not differentiated by the place they occupy. Everything occupies one place. In traditional terms, the department store is not even a place. In such a placeless world, even talking about travel had ceased to make sense, since despite the frenetic movement it was as if one did not move. (...) If Vienna was no longer a place and if the question of place was, anyway, already indifferent, what could one do in order to differentiate oneself? What could one separete oneself from in order to gain an identity? (...) Surviving let alone inhabiting the city became a question of definig limits, limits much more complicated than the clear lines that established the traditional city"

City VII (Pág. 47)

"Anyone (can) observe how much more easily...

architecture can be grasped in photographs than in reality.

Walter Benjamin, "A Small History of Photography"

What can an architecture for magazines be when the magazine uses photography as its medium? Does the photographic transformation of architecture do no more than present it in a new vision, or is there a deeper transformantion, a sort of conceptual agreement between the space this architecture comprehends and the one implicit in photography? Does the fact that its relation with the masses is transformed through its reproduction not also presuppose a modification in the character of architecture, in the Benjamin sense?

Photography was born at almost the same time as the railway. The two evolve hand in hand -the world of tourism is the world of the camera- because they share a conception of the world. The railway transforms the world into a commodity. It makes places into objects of consumption and, in doing so, deprives them of their quality as places. Oceans, mountains, and cities float in the world just like the objects of the universal exhibitions. "Photographed images," says Susan Sontag, "do not seem to be statements about the world" -unlike what is written, or hand-made visual statements- "so much as pieces of it, miniatures of reality that anyone can make or acquire." Photography does for architecture what the railway did for cities, transforming it into merchandise and conveying it through the magazines for it to be consumed by the masses. This adds a new context to the production of architecture, to which corresponds an independent cycle of usage, one superimposed upon that of the built space.

But in addition to all this, the railway turns places into nonplaces because it poses itself as a new limit, whereas previously the built object had done so; but since the railway is a fluid limit, it actually nullifies the old differences between inside and outside. It is often said of railway stations that thy are a substitute for the old gates of the city, but what they do in fact is to displace the notion of frontier; not only they fail to demarcate the edge of the urban fabric, but they ignore the city as such, as fabric. The railway, which knows only of departure and arrival points, turns cities into points (as Arturo Soria y Mata understood when he called the cities of "the past", those which existed, "points" rather than "stains", which was more what they looked like), connected to the diagrammatical railway network that is now the territory. This notion of space has nothing to do with that of space as an enclosure within certain limits, a notion the Greeks bequeathed to us along with the agora. It is a space that recognizes only points and directions, not the void and that which surrounds it, a space that does not know of limits but of relations.

Photography participates in this spatial conception, and for this reason it is able to represent it (not so with space conceived as a container). Photography shares with the railway an "ignorance" of place, and this has on the objects shot by the camera an effect similar to that of the railway on the points it reaches: it deprives them of their quality as things."





11/11/09

Arquitectura según Azúa


Hace tiempo, Álvaro hizo un comentario en clase sobre un articulo de Felix de Azúa en El País. Pues bien, para estrenarme en el blog incorporo un fragmento de su Diccionario de las Artes (Ed. Anagrama, 2002), concretamente la entrada Arquitectura.
Sin estar de acuerdo con todo lo que dice (nos mete un poco de "caña"), me parece una lectura perfecta para generar debate, sobre todo por ser la visión de alguien externo a nuestro mundillo pero no desconocedor del mismo.
Así pues espero que lo disfrutéis, y que os animéis a leer el libro completo, no os dejara indiferentes, estéis más o menos de acuerdo con él (además es tremendamente divertido).

Nota 1: He tenido que postearlo todo en imágenes pues no hay manera de enlazar pedeefes en Blogger.
Nota 2: ¡Ah! Y espero comentarios a "cascaporrillo", ejem.